jueves, 31 de diciembre de 2009

En pocas palabras

" Quien fuera teléfono móvil para susurrarte al oido"

Poeta-albañil Malagueño, obviamente no a mi.

lunes, 28 de diciembre de 2009

Bizcocho Mutante

Continuando con mis recetas de cocina para vagos, os presento el bizcocho mutante.
Es ideal para esos días en que te apetece un dulce casero y no tienes mucho tiempo para cocinar.
Cuando era más joven he hecho muchos bizcochos en mi casa hasta el punto de darles un toque único mezclando y probando cosas nuevas. El problema para mi eran las cantidades,ya que eran siempre bizcochos familiares. Así que un día decidí reducir las proporciones para una ración individual. El resultado lo podeis ver en esta foto, al meterlo en el microondas, aquello empezó a crecer y crecer y casi daba miedo,parecía que quería salirse de la taza,por eso lo llamé "bizcocho mutante". Eso si, que rápido se hace y que bueno está, mmmm...




Ingredientes
1 huevo pequeño
4 cucharas soperas de leche
3 cucharas soperas de aceite de girasol (con el de oliva lo probé pero le da demasiado sabor)
2 cucharas soperas rasas de chocolate en polvo (cola cao de toda la vida)
3 cucharadas soperas rasas de azúcar
4 cucharadas soperas rasas de harina de trigo
1 cucharadita de café rasa de levadura en polvo Royal


Preparación
El bizcocho mutante se hace en la misma taza en donde se va a comer.

Ponerle dentro el huevo y batirlo con la ayuda de un tenedor.
Añadir el aceite, el azúcar, la leche, el cola cao y batirlo todo con el tenedor hasta quedar homogéneo.
Añadir la harina y la levadura y mezclar delicadamente hasta incorporarse todo.
Llevar la taza al microondas durante 3 minutos en potencia máxima.

P.D No te asustes cuando crezca. Todo está controlado. Eso si, he puesto en negrita que la cucharada de levadura Royal es de café. Como te equivoques no es mi responsabilidad.

Listos, pues ¡a comer!

Si lo podéis mejorar hacédmelo saber.

viernes, 18 de diciembre de 2009

El Síndrome de Stendhal

Cualquiera que busque en internet la referencia a dicho síndrome encontrará:

"El síndrome de Stendhal es una enfermedad psicosomática que causa un elevado ritmo cardíaco, vértigo, confusión e incluso alucinaciones cuando el individuo es expuesto a una sobredosis de belleza artística, pinturas y obras maestras del arte".

Siempre he pensado que yo tengo ese síndrome. Me ha sucedido en más de una ocasión,visitando lugares en lo que todo lo que me rodea es arte y belleza como por ejemplo el Hermitage de San Petesburgo (Antiguo Palacio de invierno de los Zares de Rusia).
Es por eso que ayer, mientras le hechaba un vistazo al álbum de fotos, me volví a encontrar con esas sensaciones que el síndrome de Stendhal produce cuando veía y recordaba mi última visita a Roma.

La ciudad eterna, la luz del mundo. La puedes odiar o amar, y yo la amo.

Recuerdo que una noche de mayo, paseaba por la Vía Imperial cuando cámara de fotos en mano, decidí sacar unas fotos nocturnas. La cámara no era gran cosa y además no tenía el trípode que era necesario para fijar la cámara cuando sacas fotos de este tipo, así que me veía obligado a apoyarla en barandillas, mesas de bares, etc.
He realizado un pase de fotografías para que veáis la belleza de Roma por la noche, aunque como no tenía material he tenido que rellenar con otras fotos. No he puesto letras porque quiero que os fijéis tan sólo en las imágenes.

Os animo a que contempléis y fotografiéis las ciudades por la noche, pues tienen un encanto especial. Y por supuesto, si os gustan el arte y la historia, id a Roma.

video

Para los que no conozcais Roma os muestro las fotos por orden:
1- Yo en el jet que me llevó a Roma. 2- Despegue desde Rota (Cádiz). 3-Foro imperial. 4- Columnas del foro de Trajano. 5-Arco de Séptimo Severo. 6-Monumento a Victor Manuel II. 7- Panteón. 8-Frontal del Panteón. 9- Templo de Adriano. 10-Coliseo. 11-Luces del Coliseo. 12-Fontana de Trevi. 13-Foro Imperial. 14-Plaza de San Pedro. 15- El Baldaquino de Bernini. 16-Plaza de San Pedro desde la Cúpula. 17- La Pietá de Miguel Angel.

miércoles, 16 de diciembre de 2009

El Cuaderno de Bitácora


Primer día. Dos de octubre.

Hace poco que amaneció y el pesquero gallego "Ízaro" navega por aguas del Atlántico Norte a una velocidad constante de 17 nudos. Su destino son los caladeros de atún próximos a la Isla del Vasco.
A primera hora de la tarde el barco se adentró en un espeso banco de niebla; se encuentra a 400 millas al sur de Islandia con 36 tripulantes a bordo, 16 de ellos musulmanes.
Alrededor de las 17:30 h., se escuchan varios gritos secos. La visibilidad es prácticamente nula. ¡Horror! tropiezo con un objeto indeterminado y caigo de morros sobre la cubierta. Cuando la niebla y la distancia me lo permite, descubro dos cuerpos ensangrentados con sus cabezas colgando de un simple y fino nervio. La masacre parece obra de un experto carnicero. Los cadáveres pertenecen a los marineros Victor y Antonio Farfán. Siento especial pena por Antonio, era un buen marinero y, sobre todo, un excelente conversador.
Alrededor de las 19:23 h., el capitán decide enviar un SOS a los guardacostas.

Segundo día. Tres de octubre.

Ya ha pasado un día del suceso y seguimos navegando inmersos en la espesa niebla. Toda la tripulación, incluido el capitán, no ha podido pegar ojo esta pasada noche. Me duele la cabeza horrores, y es que por mucho que intento tranquilizarme es inutil el esfuerzo.
El capitán se ha percatado de que hace tiempo que no ve al jefe de máquinas, exactamente desde que ayer se fuera a dormir. El capitán da la orden de buscarlo. Me acompaña el cocinero Santiago Mizoso y decidimos ir a su camarote. Cuando enfilábamos el último tramo del pasillo, oímos un grito pidiendo piedad. La puerta estaba atrancada. Después de varios intentos logramos abrirla: el camarote estaba casi a oscuras sólo iluminado por un pequeño flexo. El jefe estaba sentado sobre su litera, dándonos la espalda, cuando el cocinero Mizoso se acercó, le agitó el hombro y su cabeza se descolgó.

Tercer día. Cuatro de octubre.

A la espera de la deseada ayuda, el capitán decide organizar grupos de vigilancia. No ocurre nada durante toda la jornada; parece que la estrategia está surtiendo efecto. Pero no puedo borrar de mi mente aquellas cabezas decapitadas que descansan, junto a sus cuerpos, en el congelador del pesquero. La espesa niebla sigue envolviéndolo todo, incluidas las ideas y el miedo. Los instrumentos de navegación no funcionan.

Once días después de los hechos. Quince de octubre.

No recibimos ninguna señal de respuesta por parte de los guardacostas o de algún buque próximo. Reunidos todos los oficiales y el resto de marinería en el cuarto de derrota para seguir planificando una estrategia, Rubén Castro, el pescador más experimentado, decide ir al baño. Dijo que regresaba en un instante, pero como no volvía decidimos ir a buscarlo. ¿Cabría la posibilidad de que uno de nosotros fuera el asesino?
Cuando lo encontramos, estaba sentado en el suelo del sollado de babor, aterrado; se había defecado encima. Farfullaba que había visto a una mujer fantasmagórica y de enorme belleza dirigirse hacía la sentina. Sin duda, el miedo estaba haciendo estragos.
Esa misma noche, Castro se lanzó al mar desde el castillo de proa. Algunos marineros comentaron que le habían oído decir, que prefería suicidarse a ser asesinado brutalmente.

Doce días de terror. Dieciséis de octubre.

Esta mañana encontramos al electricista Andrés Vilas amarrado a unas cadenas del cuarto de maquinas con las piernas mutiladas y sus genitales en la boca. ¡Es posible tanto horror y maldad!

Día uno de noviembre.

Estoy fumando tabaco de pipa y descansando en el alerón de estribor, a pesar de la espesa niebla, el mar parece en calma e incluso creo poder tocar con los dedos de mi mano el pueblo marinero donde nací. Un grito rompe el silencio sepulcral, seguido de más gritos de horror del contramaestre Carlos Córdova: – ya lo sé, yo soy el próximo –.
Corro hacía el origen del alarido y descubro un rastro de sangre en el suelo que se pierde por el final del puente. Pido ayuda pero no aparece nadie. ¡Estoy solo! Solo y la densa niebla; solo y el terror; solo y la angustia que aprieta mi pecho; solo y el instinto de supervivencia.
Cuando creo que es mi hora, de repente suena una sirena y el foco de una fragata de guerra ilumina el atunero, los haces de luz se cuelan por todos los ojos de buey del barco: – ¿es posible? oh, sí, la armada, estoy sal... –.

Los militares de la Fragata encontraron este cuaderno de bitácora entre los brazos de un cadáver decapitado, al parecer lo apretó contra su pecho hasta que el asesino acabó con su vida. Según las investigaciones, los asesinatos del atunero "Ízaro" fueron perpetrados por piratas islandeses. El caso dio la vuelta al mundo, y la repercusión política y social fue tal, que los gobiernos decidieron no volver a pescar en aquellas aguas internacionales. Pero algunos viejos lobos de mar defienden la idea de que no fueron piratas, que, una vez más, fue ella.

Frases de cine

"Cariño, recuerda, eres Gastón Monescu. Eres un ladrón. Te deseo como ladrón. Te amo como ladrón. Te adoro como ladrón. Roba, tima, estafa. Pero no te conviertas en uno de esos inútiles buenos-para-nada gigolós".

Miriam Hopkins en "Un ladrón en la alcoba"
(Los malotes gustan)

jueves, 3 de diciembre de 2009

Pescando Pargos

Que contento estoy. Mirad vaya cuatro pargos que he pescado. Fijaos que son más grandes que mi antebrazo.
La verdad es que la noche fue de las más raras del año. Había un banco de niebla tan espesa que todos los barcos pitaban desde la mar. No se veía nada a 5 metros delante de ti. El mar estaba totalmente en calma, como una balsa de aceite.
Empezó a amanecer pero aún no se veía el sol y eso que ya tenía que estar más alto que el horizonte, pero esa bruma espesa que parece que en cualquier momento te va a aparecer un barco fantasma no dejaba ver nada.
Fue entonces cuando caña en mano y con un poco de calamar de cebo comenzé a pescar. No las tenía todas conmigo, hay veces que no quieren entrar.
En aproximadamente una hora pesqué estos cuatro. El último fue el más grande. Me costó bastante sacarlo. Ya tenía el brazo cansado de luchar con los otros tres, pero este peleó hasta el final.
Os pongo una foto en la que se ve mi mano de pianista para que veais más o menos el tamaño que tienen. Con uno mediano comimos cuatro. El grande se tuvo que cortar porque no entraba en el horno.