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viernes, 24 de febrero de 2012

El tesoro

Estoy contemplando las noticias del retorno a España del tesoro del pecio "Nuestra Señora de las Mercedes",  la fragata de la Armada Española hundida en 1804 por los ingleses frente a las costas de Portugal.
En total 594.000 monedas de oro y plata acuñadas en Perú.
 Y pienso en la de días que echamos trabajando en este caso, día y noche vigilando los movimientos en la bahía de Algeciras del Odissey Explorer, mientras el dichoso barco, como si supiese nuestras intenciones,  no se movía de la roca de Gibraltar por miedo a que se le diera caza cuando saliera a aguas españolas.
 Ahora el trabajo de todos los que han participado en esta empresa ha dado su fruto y el tesoro regresa a casa 200 años más tarde.
Enhorabuena a todos los que han participado en recuperar un trocito de nuestra historia, y  si os parece bien, creo que habría que hacer algo  para que parte de él se vaya a latinoamérica, porque este tesoro se hundió en el mar en una época en la que los dos éramos uno.

lunes, 13 de junio de 2011

Hambre

Me ha impactado la crónica de Antonio de Pigafetta (1491-1534) sobre la primera navegación alrededor del mundo que finalizó Juan Sebastián de Elcano en 1522. Aunque eran otros tiempos, he de reconocer que siento admiración por estos expedicionarios que demostraban tener muchas agallas para navegar por mares recién descubiertos y sin saber cuándo volverían a ver tierra.
Este pasaje es de la colección Austral  nº 207:
- El miércoles 28 de noviembre desembocamos del estrecho para entrar en el gran mar, al que enseguida llamamos mar Pacífico, en el cual navegamos durante tres meses y veinte días sin probar  ningún alimento fresco. Mala alimentación en el mar Pacífico: La galleta que comíamos no era ya pan, sino un polvo mezclado con gusanos, que habían deborado toda la sustancia, y que tenía un hedor insoportable por estar empapado en orines de rata. El agua que nos veíamos obligados a beber era igualmente pútrida y hedionda. Para no morir de hambre llegamos al terrible trance de comer pedazos del cuero con que se había recubierto el palo mayor para impedir que la madera rozase las cuerdas. Este cuero, siempre expuesto al agua, al sol y a los vientos, estaba tan duro que había que remojarlo en la mar durante cuatro o cinco días para ablandarlo un poco, y en seguida lo cocíamos y lo comíamos.
Penuria extrema: Frecuentemente quedó reducida nuestra alimentación a serrín de madera como única comida, pues hasta las ratas, tan repugnantes al hombre, llegaron a ser un manjar tan caro, que se pagaba cada una a medio ducado... 



sábado, 11 de diciembre de 2010

La celda del General Miranda

Siempre que paso por el Arsenal de La Carraca miro hacia el penal de las cuatro torres. Es muy antiguo, su construcción finalizó en 1755. Actualmente se encuentra en un estado de abandono bastante avanzado, mucho más evidente en su interior que en su fachada externa. Esto es así porque actualmente hay otro penal más moderno y por tanto este edificio ya no cumple con su función, quizás motivado porque sus instalaciones se quedaron anticuadas.


Siempre que miraba a sus ventanas, me preguntaba en qué celda de este penal murió preso en el año 1816 el General Francisco de Miranda.
El caraqueño Francisco de Miranda fue quien tuvo la primera visión de la América española independiente e instruyó a otros como Simón Bolívar, para que consiguieran que el sur del continente americano, que él llamó la gran Colombia, lograra la independencia de España. Su nombre también está en el arco del triunfo de París por su gran labor en la revolución Francesa. Miranda murió preso en este penal tras haberle pedido clemencia al Rey Fernando VII el cual se la negó.



El general miranda en su celda del penal de las cuatro torres en el arsenal de La Carraca. Oleo de 1896.


Al hilo de esto, también he leído la noticia de que el presidente Hugo Chavez quiere rehabilitar el penal de las cuatro torres para hacer un museo en honor del General Miranda con fondos aportados por Venezuela. También quiere realizar pruebas de ADN a los restos de una urna que hay en su celda para en caso de que sean de él, repatriarlos a Venezuela.
Pues resultó que la semana pasada me acerqué por curiosidad al penal y accedí a su patio interior. Busqué la celda del general pero no vi nada aparte de abandono y puertas cerradas. En ese momento, cuando me iba a volver veo a una señora de la limpieza cerrando una puerta de acceso a un torreón. Se me hizo muy raro que aún se mantuviese personal de limpieza en unas instalaciones abandonadas, así que le pregunté y ella me contestó: -No, si yo sólo vengo a limpiar la celda donde murió el general Miranda. Me ordenan limpiarla cuando va a venir alguna visita oficial, el resto del año se encuentra cerrada con llave.
Viendo la ocasión le dije a la amable señora: -¿me dejaría usted entrar a echarle un ojo? es que esta celda tiene mucha historia. Y la señora amablemente volvió a abrir el candado y me dijo que si.
Así que dedicado a los hermanos de Venezuela, os muestro las fotos que saqué del interior de la celda en la que estuvo preso y murió el General Francisco de Miranda, que por cierto, es lo que está mejor conservado del penal de las cuatro torres:




camastro con bandera de Venezuela y flores.


Su mesa con libro de visitas.


Un servidor frente a la bandera de Venezuela.

Urna en cuyo interior podrían estar sus restos mortales


Lo que pone en la placa de mármol de la pared.





domingo, 22 de agosto de 2010

El extraño casco del "LIVADIA"

Corría el año 1880, y en aquella época de finales del siglo XIX, como comenté en otro post, se fabricaron grandes artilugios ayudados por el despegue de la revolución industrial.
Y es en Escocia donde se comienza la construcción del "LIVADIA". El lujoso yate imperial del Zar Alejandro II de Rusia. El nombre del buque le fue dado en honor al palacio imperial de verano en Yalta (Ucrania) donde veraneaban los Romanov.
El buque tenía una forma totalmente distinta a todo lo visto anteriormente.




El LIVADIA en la grada durante su construcción. Obsérvese la extraña forma de la quilla.

El porqué de esa forma tan rara era una premisa que había pedido el Zar. Alejandro II era muy propenso a los mareos graves, por tanto lo primero que quería del nuevo yate era que fuera muy estable para evitar movimientos desagradables.
Finalmente, el buque se construyó con un casco que no era exactamente circular; se asemejaba (tal y como se describió entonces) “a un rodaballo”, adoptando la forma de este pez plano por la combinación de velocidad, fuerza, comodidad y sobre todo, estabilidad.


El barco zarpó desde Escocia con destino a Sebastopol, en el mar Negro, haciendo su primera escala en Fuengirola. Durante la travesía el buque fue alcanzado por las tormentas y, a pesar de las pretensiones de su estabilidad, deambuló como un corcho, perdiendo el control e inundándose de agua.
Muchos de los pasajeros estaban tan debilitados por los constantes mareos que tuvieron que ser llevados fuera de la nave para su tratamiento. Una semana más tarde el Livadia continuó su viaje, pero incluso en las calmadas aguas del Mediterráneo, el mareo volvió a ser el orden del día llegando alguna gente a vomitar con sangre.

Finalmente todo acabó en tragedia: los revolucionarios asesinaron al Zar Alejandro II, justo cuando estaba a punto de visitar su yate imperial por primera vez.

El Livadia fue despojado de todos sus accesorios de lujo, sus motores fueron reutilizados para barcos de carga y el resto acabó como barcaza de carbón en el Mar Negro.


jueves, 29 de julio de 2010

El increible buque circular del Almirante Popov

La historia que hoy os cuento es la de una derrota personal, pero si algo es de admirar, es que una persona con mucha ilusión, haya intentado innovar y hacer algo nuevo que cambiara la doctrina establecida.
Corría el año 1870. Era una época de cambios, la sociedad deseaba reinventar el mundo y se vivía con avidez cualquier noticia sobre los nuevos artilugios que contínuamente se inventaban.

En aquella época se gestó en la mente del Almirante ruso Popov una de las ideas más raras de la historia naval. Diseñó un buque de guerra circular para la flota rusa, del cual se construyeron en 1870 dos unidades: el “Almirante Popov” y el “Almirante Novgorod”.



La idea no parecía mala: Un barco circular que pudiera defenderse y atacar de cualquier posición, sería el arma naval casi perfecta... sin embargo, después de construirlo, los ingenieros se dieron cuenta de que tan sólo tenía un "pequeño defecto": ¡No podía navegar en linea recta!.Vaya hombre, el barco de guerra casi perfecto y resulta que terminó girando por el océano como una noria sin apenas control... ¡menudo fiasco!




En sus pruebas de mar, los buques fueron atrapados por la corriente, girando en círculos sin poder evitarlo y lanzados a alta mar. Las tripulaciones nada pudieron hacer para controlarlos y los buques parecían haber sido atrapados por un remolino permanente. Y lo peor de todo es que al disparar los cañones, se le imprimía un movimiento de rotación a la nave, quedando atravesada hacia otro punto, siendo imposible volver a apuntar durante un espacio corto de tiempo.

Terminaron sus días fondeados como fuertes flotantes y atracciones turísticas. Y en la memoria naval aún se les reconoce como "Los barcos más feos jamás construidos".







miércoles, 26 de noviembre de 2008

El Mary Rose


Os dejo un artículo muy interesante de Arturo Perez-Reverte para que veais cómo los ingleses escriben la historia. Casualmente, ellos siempre salen bien parados, como en las películas. Que raro,¿creeis que a los lumbreras de algún país les interesa reescribir su historia? Sin ir más lejos en España está sucediendo con la guerra civil, pero eso será otro hilo...

Por fin se desveló el misterio. Desde hace cuatrocientos cincuenta años, los investigadores navales ingleses se han esforzado en averiguar por qué el Mary Rose, ojito derecho de la flota de Enrique VIII, se fue a pique en el año 1545 frente a Portsmouth, durante un combate con los franchutes.


En realidad ya se sabía algo: el barco no se hundió por los cañonazos enemigos, sino
porque las portas de las baterías bajas estaban abiertas durante una maniobra complicada, entró agua por ellas y angelitos al cielo. Glu, glu, glu. Todos al fondo.

Pero faltaba el dato clave: un estudio médico del University College de Londres –eso suena a serio que te rilas, colega– acaba de establecer la causa exacta del hundimiento.


El agua entró por las portas abiertas, en efecto. Pero tan imperdonable descuido marinero fue posible porque la tripulación de esa joya de la marina inglesa no era inglesa, pese a lo que su propio nombre indica. Ni hablar. El Mary Rose estaba tripulado por spaniards. Sí. Por españoles. Naturalmente, eso lo explica todo.

No estoy de coña, señoras y caballeros. O la guasa no es mía. Los perspicaces investigatas del University College afirman eso después de pasar veinte años estudiando dieciocho cráneos rescatados del barco. Tras concienzudos estudios antropológicos, la conclusión es que diez de esos cráneos procedían del sur de Europa, debido, ojo al dato, a la composición específica de sus dientes.


Se dice, por otra parte, que Enrique VIII iba escaso de marineros cualificados y enroló a extranjeros. Así que, con aplastante lógica científica, los investigadores han llegado a la conclusión de que éstos sólo podían ser españoles. Tal cual, oigan. Ni italianos, ni portugueses ni franceses.

Lo de los dientes es decisivo. A ver quién tiene el colmillo así de retorcido, o tantas caries. O tan malos dientes de leche. Vaya usted a saber. El caso es que,bueno. Blanco y en tetrabrik, eso. Leche.
Lo más fino es la conclusión del profesor Hugo Montgómery, jefe del equipo investigador. «En el estruendo de la batalla, se habría necesitado una cadena de mando muy clara y disciplinada para cerrar a tiempo las portas», afirma este Sherlock Holmes de la osteología náutica. Y es que la palabra disciplina en boca de un inglés lo explica todo. Otra cosa habría sido que el Mary Rose hubiese estado en las competentes manos de leales súbditos británicos. No se habría hundido
bajo ningún concepto. Pero a ver qué se podía esperar con una tripulación española –lo más normal del mundo, por otra parte, a bordo de un barco inglés–. O sea. Con torpes y sucios meridionales, todo el día oliendo a ajo y rezando el rosario, flojos de idiomas, que no entendían las eficaces órdenes que se les daban en perfecta parla de allí. Así, el hundimiento estaba cantado, claro. Elemental, querido Watson.
Yo mismo, modestia aparte, también he investigado un poco el asunto. Y fíjense. No sólo coincido con las conclusiones británicas, sino que, tras estudiar con una lupa la dentadura postiza
de la madre que parió al profesor Montgómery, me encuentro en condiciones de iluminar otros rincones oscuros del naufragio. Y puedo confirmar que, en efecto, así no había quien mandara un barco. Sé de buena tinta –una tinta Montblanc, cojonuda– que el naufragio se produjo
cuando el almirante british, que se llamaba George Carew, ordenó «Todo a estribor» y el timonel, que casualmente era de Ondarroa, respondió «Errepika ezazu agindua, mesedez», que significa, más o menos, repíteme la orden en cristiano o verdes las van a segar. Y mientras el almirante mandaba a buscar a alguien que tradujese aquello a toda tralla, una marejada cabroncilla empezó a colarse dentro. «Cierren portas, voto al diablo,ordenó entonces el almirante, algo inquieto. Entonces, desde abajo, el contramaestre, un tal Jordi, que era de Palafrugell,respondió. «Digui’m-ho an català si us plau», con lo que míster Carew
se quedó de boniato a media maniobra. «Pero de qué van estos mendas» inquirió, ya francamente contrariado. Mientras tanto, los demás tripulantes, que también eran indígenas de aquí, estaban en los entrepuentes tocando la guitarra y bailando flamenco, costumbre
habitual de todos los marineros españoles, sin excepción, en situaciones de peligro. Fue entonces cuando los oficiales, nativos de Bristol y de sitios así, rubios y tal, empezaron a gritar: «¡El barco
zozobra, el barco zozobra!». Y abajo, algunos tripulantes, que eran tartamudos y además de Cádiz, respondieron, con palmas de tanguillo y mucho arte: «Pues más vale que zo-zobre a que fa-falte, pi-pisha». Y claro. En dos minutos, el Mary Rose se fue a tomar por saco.

Dicen los libros de Historia que las últimas palabras del almirante Carew, antes de ahogarse como un salmonete, fueron: «No puedo controlar a estos truhanes». Pero no. Lo que realmente dijo fue: «No puedo controlar a estos hijos de puta».

jueves, 2 de octubre de 2008

Blas De Lezo.


La historia de España está llena de personajes de los que deberíamos de estar inmensamente orgullosos. Y hoy me gustaría homenajear al Almirante Blas de Lezo.

Es muy triste que grandes héroes de la historia de España, como Blas de Lezo, hayan sido olvidados de esta forma, y que parezca que sólo los extranjeros, en particular los ingleses hayan hecho heroicidades...Para mi es uno de los mayores problemas que tenemos actualmente en España, ya que un pueblo que olvida su pasado, pierde su identidad.

Por mi parte, siempre lucharé porque la memoria de héroes como Blas de Lezo no se borre.