lunes, 23 de noviembre de 2009

El superenemigo

En la vida todos tenemos amigos. Algunos más, algunos menos. Pero, por lo menos, todos podemos decir que tenemos un amigo. Aunque sea imaginario.
Lo que no todos podemos decir es que tenemos un enemigo a perpetuidad. Un superenemigo que nos trae por la calle de la amargura, y al que dispararíamos a bocajarro a la primera oportunidad que se diera. Y yo, que tengo un superenemigo de esos, aunque jamás le dispararé porque mi pacifica existencia me lo impide, sé lo bonito que es.

Ya sé que diréis que es imposible hablar de belleza en una enemistad. Pero lo es. Porque la enemistad congénita nos hace mejores. Nos hace intentar ser mejores que nuestro defenestrado superenemigo que, en no pocas ocasiones, comenzó siendo amigo. Mi superenemigo es quién es. No lo diré. Compartimos mucho y fuimos amigos un tiempo, un par de años.
Poco a poco nuestra amistad se tornó en rivalidad. Los dos elegimos una casa para ser compañeros de piso. Los dos estábamos en la misma clase y estudiábamos las mismas asignaturas, hasta que las notas empezaron a favorecerme con diferencia. Fue entonces cuando al más puro estilo Anakin Skywalker, uno de nosotros –no diré quién- cayó en el lado oscuro de la fuerza.
Los dos hicimos trabajos monográficos,nos embadurnamos en el mismo barro, sufrimos las mismas duras pruebas, los mismos exámenes complicados. Los dos pujamos por las mismas cosas muchas veces. Siempre los dos. Hasta que los dos nos convertimos en superenemigos.

Pero sabed que esa superenemistad me ha hecho más fuerte. Más sabio. Mejor. Y supongo que a él también. Porque él se convirtió en mi meta a superar. Y creo que en no pocas ocasiones lo he conseguido. Y más importante aún, y al igual que pasa con los amigos, mi vida sin su presencia en ella pierde parte de su valor. Y ahora que él está lejos de mi, echo en falta su presencia y me doy cuenta de que, en el fondo, más que mi superenemigo siempre fue mi amigo.

2 comentarios:

OscarParadela dijo...

Ya te digo, sin la rivalidad de Lennon y McCartney nunca hubieran existido los Beatles ni su legado...

AMALIA dijo...

A veces, la rivalidad nos hace más fuertes pues queremos superarnos para ser mejores en todo De todas formas, de la amistad o enemistad siempre se aprende.