sábado, 19 de marzo de 2011

El imperio del sol naciente

No lo puedo negar,siempre he sentido admiración por ellos. Con sus virtudes y sus defectos, son un pueblo que está hecho de una pasta especial. Y aunque quiero escribir sobre esto, no sé cómo expresar lo que siento mientras contemplo una y otra vez las imágenes que repiten sin cesar en todos los medios de comunicación. Veo temblor, miedo, agua, arrasamiento, muerte, desapariciones, explosiones, peligro, grietas, radioactividad... Y me siento mal conmigo mismo por sentirme aliviado de que haya ocurrido en Japón. Entendedme, no me alegro del desastre, me alivia que haya ocurrido en un lugar sobradamente preparado para superar un terremoto lo que ha salvado cientos de miles de vidas. Si el mismo hecho se hubiera producido en las costas de China, o de Vietnam, o de Filipinas, Indonesia…. ¿cuántas vidas no se habrían perdido? Y acompañando al desastre natural, lamentablemente, ha aparecido de nuevo en nuestra vida el desastre nuclear. Y a todos nos aparece la imagen del reactor Nº4 de Chernobil y su nube de muerte atravesando europa. Y ese factor ha saltado a nuestra prensa de la peor forma posible: siendo usada por detractores y defensores de la energía nuclear para atacarse mutuamente y tirarse los trastos a la cabeza en público. Me apena ver que en España se ha perdido la perspectiva de las cosas, ya lo hemos visto con las revueltas árabes, cuando en nuestros periódicos podía leerse el miedo de las autoridades deportivas por la suspensión del campeonato de Fórmula 1 de Barheim. Y es que en esta sociedad occidental en la que vivimos, la televisión ha superado a la ficción y miramos las noticias como si de una película se tratase. Demasiado lejano para ser verdad, demasiado duro para ser real.