martes, 17 de abril de 2012

El hundimiento

Ha sido el centenario del hundimiento del Titanic. No diré nada que no sepáis, aunque pasen los años y se siga con la misma cantinela de que si  tenía un timón demasiado pequeño, que si la maniobra del oficial Murdoch no fue correcta, que si el barco iba muy rápido....
En mi humilde opinión, el Titanic, al igual que sus hermanos gemelos el "Olimpic" y el "Britanic" fueron  buques "mal  paridos" en una época en la que el mundo aún no estaba preparado.
 Aunque si tiene algo especial el hermano del medio de estos trillizos, es su capacidad de seguir fascinando cien años después al mundo entero. Por mi parte,  tan sólo diré que mi toma de contacto con este buque fue que tuve la suerte de tocar con mis manos algo del Titanic. Y es que en una visita al estado de Connecticut en el año 2000, concretamente en Waterford, me encontré con un ex-marino mercante que era  coleccionista de cosas navales. Nos invitó a su casa a una barbacoa de hamburguesas. Estábamos de palique cuando surgió el tema del Titanic, y va el tío y entra en su casa para salir al jardín con una caja de madera. Cuando la abrió, tenía carbón compactado de la carbonera que tuvo el incendio y que ardió durante varios días durante el fatídico viaje, además de una herramienta muy oxidada de los fogoneros. Todo tenía su documento y sello oficial de que se había sacado en una de las expediciones realizadas. Lo había adquirido a través de una subasta en Shoteby´s y estaba orgulloso de poseerlo. Como para no estarlo. Aquella tarde acabamos hablando de que estos desastres ya no se repetirían por las innovaciones tecnologias que existen en la actualidad. Pero por desgracia recordé esta conversación cuando vi el naufragio del "Costa Concordia"

2 comentarios:

AMALIA dijo...

El otro leí un reportaje sobre este tema en el que hacían entrevistas a familiares de los desaparecidos en la tragedia. La verdad es que fue terrible. Dios sabe lo que realmente ocurrió. Parecía indestructible y ya ves...

Paradela70 dijo...

Efectivamente, todos los del mundillo de las navieras se creian ese tema, los pasajeros, armadores y, por desgracia, la tripulación. Desde luego para mí, no fue otra cosa que un acto de excesiva confianza y, al mismo tiempo,una exhibición grandiosa de ineptitud total por parte de los oficiales al mando, incluído el capitán, por subvestimar la zona por la que transcurrían.