domingo, 30 de marzo de 2014

Tren

"No hay dos viajes iguales, porque no hay dos personas que disfruten de las mismas sensaciones." Eso he escuchado en más de una ocasión.  Por eso cuando me subo a un tren, me quedo embobado contemplando paisajes y gentes a través del cristal.
Sentado,  sintiendo el traqueteo de la velocidad vibrando en la espalda. Parar en estaciones perdidas o en otras abarrotadas de gente. Arrancar de nuevo y sentir acelerar.
Me encanta el tren.
Cuando tengo ansiedad, cuando me agobio, mi brújula que siempre me ha indicado el norte, como si supiera de la pasta de la que estoy hecho, me sugiere: -"en el término medio está la virtud".
Y yo pienso con mi rumbo perdido, que a todos nos vendría bien tener una dosis de eso en los tiempos que corren.
Y es que en el tren da tiempo a pensar para reconducir muchas situaciones que nos complican la vida porque nosotros mismos las complicamos.  Quizás sea por eso que me gusta tanto el tren....