jueves, 3 de febrero de 2011

Cuestión de memoria

Hablando de esto de la memoria con un amigo, éste se quedó sorprendido cuando le dije que yo recordaba el día en que cumplí un año. Y como es natural, a todo el que se lo he dicho, se le ha puesto cara de que le tomaba el pelo, y las respuestas siempre han girado en torno a que eso es imposible. Pues yo sigo manteniendo hoy en día que me acuerdo de ese día. Pero no me acuerdo de todo, por supuesto, tan sólo recuerdo tres flashes.

Recuerdo estar arrancando con los dedos los trozos del sillón de la sala mientras mi hermano Rober me intenta parar y se desespera conmigo. También recuerdo que mi prima Miriam ponía un mantel en la mesa de la sala y yo se lo quitaba, ella lo volvía a poner y yo se lo volvía a quitar, así que ella también se desesperaba conmigo. Y mi último recuerdo es mi padre diciéndome que mire y cuando miro me da un fogonazo con un flash que me deja lelo. Y ese es el detonante que hace que recuerde el día de mi primer cumpleaños. El flash de mano en alto (era el año 74) que me deslumbraba y me dejaba sorprendido.
Casualmente, hace unos años, rebuscando en los cajones de casa de mis padres, encontré unas fotos y en dos de ellas aparecen escenas que os he contado con un inusual brillo de un potente flash. Por tanto, sabía que mi recuerdo era real.

Ahora que mi niño va a cumplir un año, me gustaría intentar que le quede alguna escena de ese día, y estoy barajando algunas ideas. Pero a fin de cuentas no todos somos iguales, y tan sólo es cuestión de memoria.